Tenía ganas. Tenía ganas desde que leí que la película se ha rodado en el transcurso de 12 años. Me pareció un reto novedoso, curioso e interesante. Podría decir que conocía el trabajo de Linklater, pero no es así. Fui a verla como el neófito que soy, y disfrute muchísimo.
Es fácil hacer un spoiler de la película, porque no cuenta nada que no sea la vida de todos y cada uno de nosotros. Es verdad, que quizá desde Europa sea difícil empatizar con la historia, más si está doblada, pero cuando has vivido un tiempo en EEUU, reconoces a todos y cada uno de los personajes que aparecen en la historia. Sus conflictos son los de mis compañeros de trabajo y, supongo que, algún día, serán los míos o no.
El hecho de que los personajes envejezcan en tiempo real es maravilloso. Que el tiempo pase tanto por los actores, como por sus personajes, no hace más que enriquecer la historia. No hay nada impostado. La madurez que otorga el simple paso por la vida, se ve reflejada en la manera de actuar de todos: sublime Patricia Arquette, divertida Lorelei Linklater, incisivo Ethan Hawke. Pero es especialmente notable en el caso de Ellar Coltrane, el protagonista de la película. Un niño de “cara dulce y angulosa”, que se convierte en un joven inconformista y de la media. Su manera de andar y vestir casi define más a su personaje que su texto. ¿Y no es eso lo que ocurre en la adolescencia, que las palabras no te llegan?
Ojo a la banda sonora. No es la de C.R.A.Z.Y., pero no es nada pretenciosa, como la película. Es simplemente perfecta para situar en el tiempo cada uno de los momentos.
Totalmente recomendable para emplear 2h35min de tu vida sin que te duela el culo en el asiento.

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